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Canadá: el Estado de Bienestar Social en estado de sitio.
La implementación del Estado de Bienestar en Canadá no significó tampoco que éste mantuviese una posición en política internacional más independiente.
Mario R. Fernández de Alternativa Latinoamericana | Para Kaos en la Red | 8-8-2008 a las 16:00 | 5150 lecturas
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Canadá

Sentado en el café soy parte de la clientela que se renueva constantemente, no es éste un típico café de Buenos Aires. En Edmonton y en un frío día del invierno canadiense, este café, que se llama Tim Horton, es uno de los miles de locales de esta compañía en Canadá.

Es un lugar  limpio y bien atendido, aunque sin mozas ni mozos en las mesas, donde trabajan mayormente mujeres inmigrantes completando pedidos desde el mostrador o desde la ventanilla para quienes no  deseen bajarse del auto.

Es un café sin aroma a café y sin clientes que se den mayor importancia. Estos últimos son bien variados, que es lo interesante, pues llegan aquí mecánicos con sus overoles desde algún taller cercano, obreros municipales que trabajan en la calle, así como también hombres y mujeres bien vestidos con sus autos a veces lujosos, y estudiantes, y madres con niños y jubilados -que son los clientes que más socializan en este local.

El café como escenario nos da una muestra, quizás pequeña pero pienso que real, de lo que ha sido la sociedad canadiense de los últimos cincuenta años. Una sociedad capitalista, sin duda, y también de clases, pero mucho más suelta y con limitaciones bastante menos opresora que otras. Ha habido cierto nivel de redistribución económica que le ha dado más valor a los ciudadanos en general y ha transformado la sociedad entera haciéndola menos jerárquica, menos claramente estratificada.

Desde 1945 se comienzan a implementar en Canadá reformas que luego se conocen como Estado de Bienestar, un proyecto capitalista aplicado en Canadá por consenso, que contó con la  aprobación de los capitalistas y sus representantes políticos. El Estado de Bienestar de hoy, sin embargo, está deteriorándose pues sus enemigos políticos recobraron favor a partir de la crisis económica de 1973, pero especialmente desde los años 80. Hoy los dueños del dinero le ven poca utilidad.

El Estado de Bienestar se basa en el Keynesianismo, o la aplicación de la teoría económica y social  que planteara John Maynard Keynes en su libro "The General Theory Of Employment, Interest and Money" (1936) donde justifica la intervención del estado en la economía y en la vida social del país. La adopción del Keynesianismo en Canadá, y en la mayor parte de los países occidentales de Europa, fue respuesta a las profundas crisis anteriores a la Segunda Guerra Mundial tanto como al desafío ideológico y político de la Unión Soviética, cuyo protagonismo durante la Segunda Guerra Mundial  le significó prestigio e influencia entre los trabajadores del mundo.

Durante casí todo el siglo 20 las llamadas naciones capitalistas avanzadas tuvieron estados involucrados directamente en la educación, la salud pública, la seguridad social y la economía. Desde mediados de los años 40 hasta mediados de los 70 el papel del estado se expandió espectacularmente con el Keynesianismo -fue la "época dorada del Estado de Bienestar." En países del tercer mundo se aplicaron algunas recetas keynesianas bajo un desarrollismo económico pero ninguno llegó a tener un Estado de Bienestar concreto.

Para los años 60, el gobierno canadiense había implementado políticas keynesianas al punto de mantener niveles mínimos de desempleo, indices altos de crecimiento económico, una balanza de pagos aceptable y un cierto nivel de equidad en la distribución de ingresos. Es decir, el estado aseguraba eficiencia, estabilidad, crecimiento y un nivel de equidad. Había un balance entre el régimen Fordista de acumulación a través de la producción masiva y altos niveles de consumo; se mantenía un aparente acuerdo social entre capital productivo y fuerza laboral.

En Canadá el gobierno aumentó sus gastos desde el 15,7% al 26,4% de su Producto Interno Bruto entre el 1920 al 1950. Para 1984 el 46,5% del PIB se invertía en el Sistema de Seguridad Social, que para entonces incluye la "pensión a la vejez", "asignación familiar" universal, sistema de pensiónes y jubilaciones, así como de pensiones a desabilitados, todas mayormente de responsabilidad federal y contando con aportes de empleadores y empleados. También de aporte federal existe el "seguro de desempleo" (luego transformado en "seguro de empleo").

Luego, de aporte provincial existe la compensación por accidentes de trabajo (responsabilidad de los gobiernos provinciales) y la asistencia social a necesitados, asi como aportes suplementarios a jubilados mayores de 65 años sin bienes de propiedad y cuyas pensiones estén por debajo de un mínimo (que hoy es de alrededor de mil dólares mensuales, variando por provincia). Es importante destacar que en Canadá alrededor del 50% de los jubilados, incluyendo a empleados del estado, reciben pensiones de otros fondos -muchos de estos fondos aportados enteramente por el empleador son revindicaciones debidas a contratos colectivos entre empresas y sindicatos.

El sistema de salud pública que fuera y es aún orgullo de muchos canadienses, se establece en 1966 (Medical Care Act) con carácter constitucional, universal y administrada por los gobiernos provinciales con aportes federales y es practicamente gratuito para todos los canadiense y totalmente gratuito para quienes estén por debajo de un mínimo de entradas.

La educación es pública, la educación básica o elemental y la secundaria  son practicamente gratuitas. La educación técnica y universitaria es también pública y el estudiante paga aproximadamente un 20% de su costo real, lo mismo que paga por aprendizaje y entrenamiento en oficios especializados. Canadá tiene 13 universidades, de un total de 25, con alto desarrollo de investigación científica y  cuentan con un fondo del estado para investigación -del que ellas se llevan el 66%.

La cultura en general, el arte y el cine fueron durante los años 60 y 70 subsidiados por el estado de forma significante y hoy han sufrido al no contar con ese apoyo fundamental.

A partir de los años 50 la sindicalización fue abiertamente aceptada en Canadá y se crearon mecanismos para facilitar la afiliación de los trabajadores a organizaciones laborales. Hoy el 32% de la fuerza laboral canadiense es sindicalizada y una gran proporción de  trabajadores canadienses se benefician aún de los logros ganados a través de negociaciones y contratos colectivos, estos incluyen a empleados públicos y profesionales así como a trabajadores de la industria de extracción de recursos naturales, de áreas de alta tecnología, de la industria pesada, etc.

A ojos del mundo Canadá es un país moderno y desarrollado que no sólo implantó un Estado de Bienestar sino que construyó una infrastructura importante (carreteras, líneas férreas, puentes, aeropuertos, puertos marítimos, centros educacionales y científicos, hospitales, centros culturales, parques nacionales, redes de tranporte urbano). El estado canadiense ha jugado un papel directo en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Canadá subvenciona su agricultura y otras áreas de su producción y transporte. Ha creado varias corporaciones nacionales vitales para su desarollo. Se han beneficiados sin duda los capitales que han acumulado riqueza gracias al desarrollo científico y tecnológico del país y al aumento del consumo. Ha surgido una fuerte clase media que llegó a alcanzar niveles históricos.

El Estado de  Bienestar ha contribuido a la calidad de vida de sus ciudadanos así como a disminuir los niveles de explotación económica de trabajadores, de opresión de clases y de opresión dentro de la familia. Sin duda no es un estado socialista. En Canadá la discriminación de la población aborígen es un problema serio, son un millón ciento setenta y dos mil habitantes de los cuales más del 50% vive en absoluta pobreza y enfrentando graves problemas sociales y de salud (incluyendo tuberculosis).  Otro problema fundamental tiene que ver con el nivel de pobreza de muchos niños, en particular niños que viven con madres solas, se habla de la feminización de la pobreza, y tiene que ver con niveles de salarios más bajos para la mujer y con insuficiente niveles de asistencia social.

La implementación del Estado de Bienestar en Canadá no ha significado tampoco que éste mantenga una posición en política internacional más independiente; por el contrario, se ha hecho dominante la ideología de la "guerra fría" con un fanático anti-comunismo y anti-socialismo. Canadá ha continuado apoyando las políticas imperialistas y se convirtió él mismo en un país con designios imperiales. Sus gobiernos de las últimas décadas han facilitado la participación de sus grandes corporaciones en el saqueo a los recursos naturales y humanos del tercer mundo tanto como de su propio país. Canadá  contribuye a la opresión mundial tanto como otros países del primer mundo. Ha participado en las carnicerías humanas en Iraq, Afganistán, Haití y la ex-Yugoslavia y es contrario a movimientos tercermundistas de liberación nacional y a los movimientos revolucionarios del mundo.

Con el Estado de Bienestar se adoptaron también el ahistoricismo, que borró de la memoria de las nuevas generaciones el pasado de ilegalidades en cuanto a acumulación de riquezas, de explotación de los trabajadores, de represión  y crimen en contra de dirigentes sindicales, militantes de izquierda  y ciudadadnos pobres, así como el racismo abierto en contra de aborígenes e inmigrantes. Aún cuando la afiliación y formación de sindicatos fueron una actividad lícita en el país a partir de 1872, no existieron sino hasta mucho más tarde mecanismos para implementar estos derechos, por lo que cuando se organizan los primeros sindicatos estos tienen que enfrentar no sólo la brutalidad de la policía oficial sino tambien la de milicias y grupos paramilitares organizados por los dueños del capital. Pero esto no se enseña ni se sabe.

Hasta ahora ha permanecido la historia no contada de los campos de trabajo que funcionaron en Canadá en pleno siglo 20. Durante la Primera Guerra Mundial fueron llevados a estos campos muy similares a campos de concentración inmigrantes hombres ucranianos de la región de Galicia, territorio ocupado por el imperio Austro-Hungaro, que  era enemigo de Canadá en la guerra. Estos campos funcionaron hasta 1920 y, más tarde, en  1931 durante el gobierno represivo de R.B.Bennett se construyen más de 70 campos de trabajo (Relief Camps) en el oeste canadiense para explotar  hombres solteros  y desempleados pagándoles un salario ínfimo por duras faenas de caminos. Estos campos funcionaron hasta 1935 y gracias a numerosas marchas y protestas públicas.

Durante  la Segunda Guerra Mundial la infamia de los campos se vuelve a repetir con inmigrantes  japoneses, Japón era entonces el enemigo y los campos de concentración confinaban a canadienses de origen japonés y japoneses residentes, a quienes se le expropiaron todos sus bienes.

Como se ve antes de 1945 Canadá era un país muy abiertamente opresor. El Estado de Bienestar en Canadá llega a su máxima expansión en 1971, para 1984 el sistema comienza a ser alterado en forma mínima. En 1984 los Conservadores suben al poder federal y comienza el discurso de la "crisis fiscal," pero, sucede un fenómeno en los  dos partidos tradicionales, Conservadores y Liberales, se dividen y en ambos aparecen quienes quieren terminar con el  Estado de Bienestar y quienes no. Lo cierto es que el Estado de Bienestar se deteriora primero cuando se reduce su "universalidad" en los beneficios y segundo con la reducción del presupuesto federal. El golpe más fuerte, sin embargo, lo recibe en 1996, durante el gobierno de Jean Chrètien, su aparente defensor, quien aumenta el poder de los gobiernos provinciales y a transfiere a estos la financiación de programas hasta entonces federales. Terminando con el CAP ( Canada Assistance Plan) y haciendo un sólo fondo en el que se incluye la salud, la educación y la asistencia social que han de ser desde entonces financiadas a nivel provincial. La educación superior sufre pocas alteraciones pero la salud y la asistencia social son las más vulnerable pues quedan a merced de los gobiernos provinciales de turno. En las provincias más conservadoras, como Alberta los niveles de asistencia social son vergonzosos aún en medio del ague económico que vive la provincia por el petróleo y el gas.

El seguro de desempleo, implantado en 1940, ha sufrido también cambios, primero cambio de nombre en 1996 que lo transformó en "seguro de empleo" e hizo mucho más dificil calificar para el beneficio, a punto que se ha transformado en un buen recurso de entradas para el gobierno federal. La cultura ha sufrido también, la reducción de fondos ha empobrecido el sistema de difución estatal de radio y televisión (CBC) que se ha convertido en empresa comercial con significante influencia de los  Estados Unidos en especial desde la firma del Tratado de Libre Comercio en 1988.

De las corporaciones estatales pocas quedan en manos del estado, por ejemplo los correos (Canada Post), pero se han privatizado corporaciones vitales como la Petro-Canada (petróleo e hidrocarburos), la National Railway (ferrocarril), Air-Canada (transporte aéreo), Canada Development Corporation (desarrollo) y otras. Más allá de la privatización, corporaciones canadienses privadas se han unido a corporaciones y/o capitales americanos.

Desde los 80 los sindicatos y organizaciones laborales vienen sufriendo ataques contínuos, desprestigio, violaciones jurídicas, etc. Un ejemplo es lo que hoy viven los sindicatos de la construcción en Alberta, donde se están invirtiendo miles de millones de dólares en infractructura por la extracción de petróleo sintético de las arenas bituminosas , y los contratístas han traído trabajadores especializados desde el extranjero con la excusa de que en Canadá falta mano de obra, un argumento totalmente falso, una maniobra cuyo fin es limitar el acceso de los sindicatos a esas obras y destruirlos.

Hoy los canadienses somos vulnerables a los efectos de las burbujas especulativas y los altos niveles de endeudamiento personal que muchos tienen y que alcanza un per capita de  28.390 dólares y que pasa los 40.000 dólares si incluimos deudas de propiedad. Las familias canadienses tienen un promedio de 80.000 dólares de deuda por hogar. El endeudamiento en tarjetas de crédito se ha doblado en 17 años al tiempo que el ahorro personal ha disminuido, de un 10% a un 1% desde 1990 a hoy.

A todo esto cabe preguntarse ¿hasta cuando sobrevivirá el Estado de Bienestar en Canadá? La respuesta no parece depender de los canadienses generalmente ajenos al fundamental papel que el Estado de Bienestar juega en sus propias vidas.  Muchos canadienses, incluyendo la mayoría de la clase media sustentada por el Estado de Bienestar, tienen una actitud individualista y parece importarles poco el futuro del estado en general; aceptan facilmente, en cambio, la ideología dominante de desaparecerlo. Los trabajadores  de este país no tienen mayor conciencia tampoco y ven la sindicalización sólo en cuanto a los beneficios personales que les aporta pero no entienden, o no quieren entender, sobre la necesidad de defenderla políticamente. Además los sindicatos mismos han sido responsables de la despolitización general de sus miembros por lo que no pueden esperar demasiado de ellos. Los inmigrantes, que son el 18% de la población no tienen demasiada conciencia sobre los beneficios que el Estado de Bienestar de alguna forma les garantiza. 

El deterioro del Estado de Bienestar que parece lento es, sin embargo, constante. Empujado por cambios en la orientación ideológica a todos niveles en el gobierno continúa la llamada desregulación, que no es sino la adopción de regulaciones favorables a las corporaciones, y continúa la privatización de bienes del estado, que no es sino la venta a precios irrisorios de empresas fructíferas del estado a corporaciones privadas.

La clase política es mayormente oportunista y aunque en Canadá no se dá el bipartidismo tan común en las "democracias" del primer mundo -un círculo vicioso pues a la hora de definiciones ambos partidos terminan siendo iguales, a la hora de las definiciones los tres o cuatro partidos políticos canadienses son iguales también y no hacen sino colaborar con la destrucción del Estado de Bienestar. La prensa colabora con ese proceso también porque en vez de informar a los canadiense desinforma imponiendo la ideología de los ricos. Los sindicatos, como vimos, son grandes pero débiles y despolitizados. Las campañas políticas en Canadá son campañas de "enviar cartas", la capacidad actual de mobilización es muy baja, la participación política es muy limitada.   

Lo que nos esperanza un poco son quizás los logros en el campo de los derechos humanos, en área de los derechos de las mujeres, de los niños, de algunas minorias y de los aborígenes, todas luchas muy válidas. Pero los enemigos de estos logros están a la vuelta de la esquina y siempre prontos a arrasarlos.

Puede que queden en la memoria de la historia, estas cinco o seis décadas del Estado de Bienestar Social canadiense como un pasaje felíz para una buena proporción de los habitantes de este país, como puede quede en la memoria de los habitantes de los otros paises del llamado primer mundo algo similar puesto también ellos se han beneficiado con él. Puede que quienes, dudosamente inocentes, han defendido el Estado de Bienestar como si este hubiese sido "característico" del mundo desarrollado, tengan finalmente que admitir la verdad, y la responsabilidad de su participación en el engaño. La verdad, de que este tiempo no ha sido sino un paréntesis en la terrible historia del sistema capitalista, por lo que no faltarán quienes seguramente lo recuerden en el futuro con cierta nostalgia. 

 
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