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La importancia del pragmatismo
Creo que está claro para el lector avisado.. La importancia que le doy al pragmatismo anglosajón y a lo que hay de él en el pensa­miento de Bunge es proporcional a los efectos causados en el mundo por el pragmatismo anglosajón. Antes también, por supuesto, pero especialmente en estos últimos compases del siglo XXI.
Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 6-4-2008 a las 14:17 | 3158 lecturas | 2 comentarios
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  La revolución francesa es consecuencia de las ideas de Rousseau y de los enciclopedistas, un siglo antes. El pragmatismo ha traído la revolución por arriba de los gerentes del mundo anglosajones y de los que se les han aliado. El propio Aznar fue a Venezuela en el año 2002 a decir a Chávez que se uniera a ellos (a Bush), "porque esos países (los pobres) están jodidos". En lo que difunde Bunge, pese a ser muy juiciosas otras de sus ideas, hay mucho de eso, de ese "seamos prácticos" envuelto el pragmatismo en papel de celofán del catedrático...

  Vuelvo a hablar de Bunge, porque estos pasdos días he librado una batalla teórica y unilateral con él. Compareció en El País para exaltar el pragmatismo sin citarlo, denostando el idealismo y el existencia­lismo a través de la figura de Heidegger. Entrevistado, el rotativo dedica a la entrevista que le hace Ig­nacio Vidal Folch el si­guiente titular: "Las frases de Heidegger son propias de un esquizo­frénico". Da pie al titular, la ingeniosidad con la que Bunge responde a la primera pregunta del entrevistador.

  El aserto invita desde luego a rotular la entrevista con esa insolen­cia intelectual. Hoy lo que ofrecen los medios es carnaza. Y ella fui yo. ¿Creen ustedes que le hubiera yo prestado atención a este en­señante más allá de una lectura entre líneas, de no haber sido por esa provocación? No. Le hubiera echado un vistazo y se acabó: es­toy harto de esas monsergas cánoras del capitalismo co­rregido o retocado para que todo siga igual. Soy eminentemente radical, voy a la raíz, no me ando por las ramas. Para recorrerlas ya están los que sostienen el sistema atacando los efectos cada día pero cuidándose mucho de respetar las causas. Además, en la actualidad, ante la cri­sis de las Humanidades, pocos lectores conocen la filosofía de Hei­degger. Y los que la cono­cen, también muchos de ellos se han sub­ido al carro de lo pragmá­tico y de la ventaja material en forma de ri­queza o de poder. Con lo que las probabilidades de ser contestado Bunge, eran en la práctica nulas salvo en alguna cátedra aislada...

  Por eso y por lo que dice acerca de Heidegger; por eso y por lo que significa el pensamiento (en ese aspecto puntual del me­nospre­cio por la abstracción) que difunde (más propio del médico o del maestro conductista y mentalista en esta cuestión que del filó­sofo), ha de darnos náuseas esa "novedad" discursiva del desprecio por Heidegger y del idealismo a los que nos hemos formado sólida­mente en el pen­samiento clásico, es decir el pensamiento eviterno. Y más, habida cuenta lo que viene sucediendo en el mundo desde el año 2001:ocupaciones armadas, cambio climático, invasión de los "ul­tracuer­pos" de los neocons... Pero también ha de darles náuseas, además del odio que sienten los que sufren la invasión y la guerra, a los que no soportan la hipoteca, el desempleo crónico, la margina­ción y la persecución porque no son wasp (blanco, anglo­sajón y protestante), es decir los que no forman parte de la crême de la so­ciedad, de la clase de los patricios. Por todo eso he sentido tanta in­dignación y me he despachado a gusto al descubrir que Bunge es otro que ha caído en el garlito y abrocha las ideas-fuerza capitalis­tas. Aunque claro, como no es tonto, para desorientar al personal diga cosas sensatas en otras materias que resultan irrele­vantes en comparación con las que están tratando de desmontar el idealismo que hay en el existencialismo de Heidegger.

  Entiéndase que a mí no me importa que se ataque la filosofía de Heidegger por incomprensible o por esotérica o por excéntrica; ni que se ataque a la filosofía como un todo en tanto que superes­truc­tura moral y o intelectiva. Yo mismo he escrito contra ella en mi en­sayo breve "La miseria de la filosofía". Ahora bien, lo que no es de recibo es que a cambio del filosofare se nos dé pragma, recetas de cómo dominar a los pueblos con riesgo cero, que es lo que hace el pensamiento utilitarista anglosajón que Bunge introduce como el que no quiere la cosa en sus prédicas. Quizá está abducido, quizá sea inconsciente. Pero esa disculpa podría extenderse a muchos más. Lo que no empece que salgamos al paso de ellos y de su idio­cia...

  Y es que hoy día los vientos corren en esa dirección. Ya lo sabe­mos: frente al idealismo que menosprecian y persiguen los pragma­tistas, y frente a la utopía que persiguen los realistas no hay nada que hacer. Lo único que nos cabe a los que estamos al tanto del vi­rus que nos inoculan, es sólo salir al paso, contraatacarles, atrinche­rarse y esperar a que algún día escampe o se derrumbe con estré­pito el universo bajo el peso del ultraprag­matismo anglosajón. Los pragmatistas son insensibles, reniegan de los sentimientos, del mundo de las ideas y del corazón como centro orgánico sin­tiente. Todas las nociones que no nos reporten beneficio estricta­mente personal son absurdas en sí mismas o conducen al absurdo para ellos. No extraña que au­mente la delincuencia, el terrorismo, el cri­men. Si la religión básica en Occidente, el cristianismo mal enten­dido, no frena -y no frena ya-; si el mínimo del mínimo moral es ya el código penal ¿de dónde procederá el control social por excelencia? Pues, lógicamente, de las policías, de los antidisturbios, de los ejér­citos, de las manipulaciones a través del concepto “tarjeta de cré­dito” a las que se refiere atinadamente Bunge...

  Unas sociedades que van derechas a la anomia (ausencia de nor­mas) o ya están instaladas en ella; unas sociedades que no se exi­gen a sí mismas una moral equilibrada, medianamente armoniosa; unas sociedades sensuales hasta la extenuación; unas sociedades compuestas por millones de pragmáticos que, si no contasen con negros e hispanos allá, con etnias "inferiores" e inmi­grantes acullá sometidos fácilmente por su debilidad y circunstan­cias, no dura­rían un solo día cohesionadas. El ímpetu de los senti­dos, de las necesi­dades y de lo ventajoso para cada uno nos condu­ciría a des­trozar al vecino al menor descuido. Hay que recoger la ba­sura cada día. Pues bien ¿qué sería de Occidente si dejasen de realizar ese "bajo menester" los oprimidos? De hecho es la ame­naza. Si al pragmatista le respondiéramos: "mira, lo ventojoso para mí no es realizar ese trabajo inmundo, lo ventajoso para mi pensa­miento es que recojas tú tu propia basura, que limpies tú el retrete de tu casa"; si todos al unísono hiciéramos eso, ¿qué sucedería? Pues para evitar el conato de esa clase ya están preparadas esas policías apabullantes que imitan en sus atuendos y en sus actitudes a las de las series televi­sivas yanquis que entran en los países occi­den­tales en proporciones industriales...

  Pero tampoco tengo inconveniente en admitir que todo o gran parte de lo que subterránea e inconscientemente sucede es conse­cuencia de genes que nos tiranizan, que todo o gran parte son ne­cesidades perentorias (la mayoría de las veces artificialmente gene­radas por la propia sociedad capitalista y consumista). Soy el pri­mero en afirmar la primacía de la sin­razón del ser humano sobre su razón, de su irracionalidad sobre la ra­cionali­dad. Es fácil deducir que acierto, pues es mucho más po­tente la inteligencia destructora, que la inteligencia crea­tiva. El hombre es mucho más zoon que racioci­nio; más bestia que noble bruto; más demonio que ángel. No hay más que observar un poco. En resumen, la antropología, en la que me he formado des­pués de abandonar en mí el homo juridicus que hubo un tiempo, me ha con­ducido por vericuetos lo suficientemente sinuosos como para ver en el ser humano mucho más a la bestia parda que al poseedor de la razón o al que la busca. Pero por eso que buena parte de lo que "nos" sucede es inevitable a través de la dictadura del egoísmo y de los genes, es preciso compensarlo con la racionalidad y la idealidad.

  ¿Qué es el pragmatismo? No haré miles de citas porque están en los libros que usan muchos postineros para exhibir erudición. Ahora me viene a la mente la frase ilustrativa de lo que es el pragmatismo en toda su crudeza. El nor­teamericano -faltaría más- W. James, dice que "lo verdadero es lo que es ventajoso para nuestro pensamiento". Con esto se dice todo acerca de lo que es ese pensamiento: nada de prójimo, nada de camaradas, nada de preocuparse por lo que no sea nuestro pensamiento y nuestra verdad dictada por "lo venta­joso". Así nos va. Pero ¿qué ocurre?, pues que si estamos bien que­rremos estar mejor, si esta­mos mal querremos estar bien a costa del otro, y al otro sólo le ten­dremos en cuenta en tanto en cuanto nos sea útil, nos limpie el vá­ter, sea provechoso para nuestro pensa­miento, para nuestra ven­taja, para nuestra "verdad". Ved que, por otro lado, tanto en la geo­política como en la convivencia común, todo nos regresa a la ley del Talión. Pero no va ésta sola. La portan, quienes la administran ahora a escala internacional, con la mentira por bandera para justificar esa ley y para ba­ñarnos en Creacionismo tardío que curiosamente forma parte del mismo pensamiento prag­mático y neocons que es lo que defienden a capa y espada todos esos y todas esas que viven bien, que nadan en la abundancia y que creen que la "verdad" única está sólo en lo que es ventajoso para ellos. Y en la política doméstica, la incorporan quienes dan más importancia a la propiedad privada, a la férula o al embrión, en la medida que se la quitan a la vida ya requeteformada y cierta. Eso es lo que predican. Lo predican, por cierto, hasta que se les tuercen las cosas y han de pedir clemencia a los que conservamos escrúpulos, o se arrastran por los pasillos de su propia casa podridos de millo­nes conseguidos gracias a "su verdad" prag­mática, o sobreviven sólo material y sencillamente hasta que se dan un tiro.

  El pragmatismo es canallesco. Sólo funciona y vale si es fuerte económica y socialmente quien lo profesa; si se tiene poder o dinero o ambos, y se carece además de todo escrúpulo. ¿De quién espera­remos algún miramiento, alguna delicadeza, alguna seria atención si "la verdad", si "lo correcto" reside únicamente en obte­ner ventaja?

  Pues ése, el pragmatismo, el pensamiento hiperpráctico y mate­ria­lista es lo que envuelve todo y por lo que se rigen ya las conciencias abominables en los medios  y enseñan en los institutos y en las universida­des. De aquí la importancia que le doy a este avatar "in­formativo" propalado por este argentino de Montreal que "sólo" pu­blica en in­glés...

  Pues eso es lo que defienden tantos miserables que dan clases y conferencias por ahí o se asoman por Internet para disuadirnos de que lo que ha hecho soportable hasta ahora la vida son las ideas bellas, el Arte, la poesía, la música, la pintura, la jardinería o la ar­quitectura, el amor sentido, la filantropía, el sentimiento y hasta la misma elucubración en la dosis debida y comedida...

  Estar avisado no es ser más inteligente; ni más listo siquiera. Estar avisado es estar despierto, es resistirse a la anestesia de todo cuanto principalmente está en los medios, procede de los medios y oscurece hoy día la "verdadera verdad". Para que el homicidio, las guerras, la muerte no se enseñoreen de las sociedades; para  "que florez­can cien flores y rivalicen cien escuelas de pensamiento", como reza un dicho oriental. Por eso, que medre intelectualmente Bunge, pero no a costa de Heidegger que está a años luz, intelectivamente hablando, de él; no a costa de denigrar el idealismo y el existencia­lismo de ese cuño. Por esto mismo es tan importante la oposición en esta materia. Para no permitir que el pragmatismo -al final el pen­samiento único- se imponga definitivamente en el mundo y anule toda esperanza de regeneración.

 
 
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Comentarios (2)

#4.- a los impertinentes

Jaime Richart|06-04-2008 19:54

No os equivoquéis, en Kaos la libertad de expresión está restringida a un mínimo decoro en los comentarios y en las discrepancias. Esta web no es un tablón de anuncios. ¿Quién os dijo que aquí se vende libertad? Aquí  sólo se  invita a participar  en  la dosis debida y con un elemental respeto. Desde luego no se  admite la libertad de los energúmenos. Para eso hay otras páginas, otros sitios, otras webs.

Id a ellas los disconformes, si no queréis comprometeros colaborando en ella como mandan los cánones. Desde luego con comentarios anónimos de mala baba no se dignifica  a esta web que es resultado del esfuerzo de unos cuantos y de la colaboración de los demás...

Valoración: -4  

#7.- Lector

Asiduo|06-04-2008 22:51

Totalmente de acuerdo con su sugerencia sobre los comentarios. Añado que el pragmatismo carente de sentido común es puro egolatrismo avaricioso. Una dosis de pragmatismo es preciso y necesario dentro de un gran sentido de común.

Valoración: 1  

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